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La Edad Media es una construcción histórica (un término que inventó el hombre arbitrariamente) llena de preconceptos y, cuando no, juicios de valor. Tanto es así que ya desde su nombre nos lo demuestra.

El concepto de Edad Media se desprende del de “edad del medio”. La edad que está entre dos edades “importantes”. Así lo consideraron los autores del término, los humanistas italianos del Renacimiento.

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Estos humanistas, literatos y pensadores del siglo XV, se vanagloriaban de ser los herederos de la antigua Edad Clásica, y se apresuraban con orgullo a establecer vínculos con las culturas griega y romana. Es sabido que el Renacimiento precisamente recibe ese otro nombre –tan cargado de sentido- en función de una revolución cultural inspirada en las artes y culturas de la sociedad clásica.

Lo que separaba a estos nuevos hombres de su añorada Grecia y vanagloriada Roma, eran los siglos “del medio”, en los que nada más que el tiempo parecía haber pasado. Estos hombres, entre los siglos XIV y XV, se habían formado la idea de un intervalo de muchos siglos entre la cultura de los antiguos y la de ellos.

La tendencia de estos intelectuales a dar una imagen “oscura” de toda la Edad Media (un enorme período de 1000 años) es comprensible teniendo en cuenta la dureza de la época que acababan de sortear.

La mente humana tiene una natural tendencia hacia la perspectiva. Al mirar hacia el pasado, ve en primer lugar lo más cercano. La fama negativa de la Edad Media depende mucho de esta deformación, y especialmente de la crisis del siglo XIV. Arbitrariamente, extendieron esa condición coyuntural a todo el período que se remontaban hasta lo único reconocible para ellos: Roma.

Los renacentistas fijaron los hitos medievales. Los límites cronológicos de la Edad Media son, desde entonces, el año 476 (con la deposición de Rómulo Augústulo, el último emperador romano de Occidente) y 1492 (descubrimiento de América por Cristóbabl Colón).

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Otra versiones similares hacen terminar a la Edad Media en 1453 (conquista de Constantinopla por los musulmanes turcos), 1485 (instauración de la dinastía Tudor en Inglaterra), 1517 (la reforma de Lutero).

La periodización interna del la edad que comprende desde el siglo V al XV puede variar. Últimamente adquiere mucho peso la idea de Antigüedad Tardía (o tardoantigüedad), que se especializa en los primeros siglos medievales, proyectando las tradiciones romanas conviviendo con la cultura hegemónica de los pueblos germánicos.

Más tradicionalmente, se la divide en “Alta Edad Media” (del siglo V al año 1000), y “Baja Edad Media” (del mil al siglo XV).

Hoy los historiadores no discuten la posibilidad de abandonar el término de Edad Media, a pesar de sus falencias es demasiado presente en el uso común como para ser reemplazado con éxito. Pero constantemente nos recuerdan a todos que la llamada “Edad Mediaduró nada menos que mil años (una duración enorme para los tiempos históricos) y que no es posible que los mil años hayan sido todos iguales, como erróneamente suele pensarse.

  • Fuente: Sergi, G.: L’idea di Medioevo, Donzelli Editore, 1998,
  • Imagen: Me Cache en Die
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Historia de las Cruzadas las-cruzadas.jpg

Desde el Renacimiento hasta nuestro días pocos temas han resultado tan atractivos como el de las Cruzadas. A su alrededor se han forjado mitos y leyendas muy alejadas de la realidad histórica y que la literatura se ha encargado de difundir.

En general, se denomina como Cruzadas a la serie de campañas, comúnmente militares, que a partir del siglo XI se emprendieron desde el Occidente cristiano contra los musulmanes para la recuperación de Tierra Santa. Estas campañas se extendieron hasta el siglo XIII y se caracterizaban por la bendición que les concedió la Iglesia, otorgando a los particulares indulgencias espirituales y privilegios temporales a los combatientes. Con el tiempo el término se aplicaría a cualquier guerra que se emprendiera al servicio de la Iglesia, como, por ejemplo, la cruzada contra los albigenses.

El origen de las Cruzadas

La I Cruzada fue predicada por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont (1095), tras la conquista de Jerusalén por los turcos seljúcidas (1076) y las peticiones de ayuda del emperador bizantino Alejo I Comneno. Aparte de la recuperación de los Santos Lugares, con su clara connotación religiosa, los Papas vieron las Cruzadas como un instrumento de ensamblaje espiritual que superase las tensiones entre Roma y Constantinopla, que además elevaría su prestigio en la lucha contra los emperadores germanos, afianzando su poder sobre los poderes laicos. También como un medio de desviar la guerra endémica entre los señores cristianos hacia una causa justa que pudiera ser común a todos ellos, la lucha contra el infiel.

El éxito de esta iniciativa y su conversión en un fenómeno histórico que se extenderá durante dos siglos, se deberá tanto a aspectos de la vida económica y social de los siglos XI al XIII, como a cuestiones políticas y religiosas, en las que intervendrán una gran variedad de agentes: como la difícil situación de las masas populares de Europa occidental; el ambiente escatológico, que hacía de la peregrinación a Jerusalén el cumplimiento del supremo destino religioso de los fieles; o los intereses comerciales de las ciudades del norte de Italia que participaban en estas expediciones y que encontraron en las cruzadas su oportunidad de intensificar sus relaciones comerciales con el mediterráneo oriental, convirtiéndose en las grandes beneficiarias del proceso. Los comerciantes italianos reabrieron el Mediterráneo oriental al comercio occidental, monopolizaron el tráfico y se convirtieron en intermediarios y distribuidores en Europa de las especies y otros productos traídos de China e India.

También tuvo su papel la necesidad de expansión de la sociedad feudal, en la que el marco de la organización señorial se vio desbordado por el crecimiento, obligando a emigrar a muchos segundones de la pequeña nobleza en busca de nuevas posibilidades de lucro. De esta procedencia eran la mayoría de los caballeros franconormandos que formaron la mayor parte de los contingentes de la primera cruzada.

Espiritualmente dos corrientes coinciden en las Cruzadas. Por un lado, la idea de un itinerario espiritual que enlaza la cruzada con la vieja costumbre penitencial de la peregrinación. Así se intenta alcanzar la Jerusalén celestial por vía de la Jerusalén terrestre. Ambas a ojos del cristiano del siglo XI resultaban prácticamente inseparables. Y más que para los caballeros para las masas populares imbuidas de unas ideas mesiánicas y en extremo anarquizantes, que chocaron repetidamente con el orden social establecido. Son las llamadas cruzadas populares, como la de Pedro el Ermitaño, que precedió a la expedición de los caballeros, la de los Niños (1212) y la los Pastoreaux (1250). Por otro lado, está la idea de una "guerra santa" contra los infieles, en la que Jerusalén no constituye el único objetivo, se lucha contra el Islam.

Las ocho Cruzadas

La historiografía tradicional contabiliza ocho cruzadas, aunque en realidad el número de expediciones fue mayor. Las tres primeras se centraron en Palestina, para luego volver la vista al Norte de África o servir a otros intereses, como la IV Cruzada.

La I cruzada (1095-1099) dirigida por Godofredo de Bouillon, Raimundo IV de Tolosa y Bohemundo I de Tarento culminó con la conquista de Jerusalén (1099), tras la toma de Nicea (1097) y Antioquia (1098), y la formación de los estados latinos en Tierra Santa: el reino de Jerusalén (1099), el principado de Antioquia (1098)y los condados de Edesa (1098) y Trípoli (1199).

La II Cruzada (1147-1149) predicada por San Bernardo de Clairvaux tras la toma de Edesa por los turcos, y dirigida por Luis VII de Francia y el emperador Conrado III, terminó con el fracasado asalto a Damasco (1148).

La III Cruzada (1189-1192) fue una consecuencia directa de la toma de Jerusalén (1187) por Saladino. Dirigida por Ricardo Corazón de Léon, Felipe II Augusto de Francia y Federico III de Alemania, no alcanzó sus objetivos, aunque Ricardo tomaría Chipre (1191) para cederla luego al Rey de Jerusalén, y junto a Felipe Augusto, Acre (1191)

La IV Cruzada (1202-1204), inspirada por Inocencio III ya contra Egipto, terminó desviándose hacia el Imperio Bizantino por la intervención de los venecianos, que la utilizaron en su propio beneficio Tras la toma y saqueo de Constantinopla (1204) se constituyó sobre el viejo Bizancio el Imperio Latino de Occidente, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil. Desapareció en 1291 ante la reacción bizantina que constituyeron el llamado Imperio de Nicea, al tiempo que Génova sustituía a Venecia en el control del comercio bizantino.

La V (1217-1221) y la VII (1248-1254) Cruzadas, dirigidas por Andrés II de Hungría y Juan de Brienne, y Luis IX de Francia, respectivamente, tuvieron como objetivo el sultanato de Egipto y ambas terminaron en rotundos fracasos.

La VIII cruzada (1271) también fue iniciativa de Luis IX. Dirigida contra Túnez concluyó con la muerte de San Luis ante la ciudad sitiada.

La VI Cruzada (1228-1229) fue la más extraña de todas, dirigida por un soberano excomulgado, Federico II de Alemania, alcanzó unos objetivos sorprendentes para la época: el condominio confesional de Jerusalén, Belén y Nazareth (1299), status que sin embargo duraría pocos años.

Consecuencias

Las Cruzadas influyeron en múltiples aspectos de la vida medieval, aunque, en general, no cumplieron los objetivos esperados. Casi todas las expediciones militares sufrieron importantes derrotas. Jerusalén se perdería en 1187 y lo que quedó de las posiciones cristianas tras la III Cruzada hasta su definitiva pérdida en el siglo XIII (San Juan de Acre -1291) se limitaba a una estrecha franja litoral cuya pérdida era cuestión de tiempo. Además, los señores de Occidente llevaron sus diferencias tanto a las propias Cruzadas (Luis VII de Francia y Conrado III en la II Cruzada; Ricardo Corazón de León y Felipe II Augusto en la III) como a los estados cristianos fundados en Tierra Santa, dónde los intereses de los diferentes grupos dieron lugar a numerosos conflictos.

En el intento de reensamblar las cristiandades latina y griega, no sólo falló la Cruzada, sino que acentuó el odio y la diferencia entre ellas, convirtiéndose en causa última de la ruptura definitiva entre Roma y Bizancio. Cierto es que Bizancio pidió ayuda a Occidente, pero al modo tradicional, pequeños grupos de soldados que le ayudasen a recobrar las provincias perdidas, no con grandes ejércitos poco dispuestos a someterse a la disciplina de los mandos bizantinos, o que se convirtieran en poderes independientes en las tierras que ocupasen o en la propia Constantinopla, como ocurrió en la IV Cruzada. Historiadores como Ana Comneno o Guillermo de Tiro nos han dejado testimonios del impacto del paso de los cruzados por las tierras bizantinas y el choque entre la brutalidad de costumbres de los occidentales y el refinamiento cultural bizantino.

Por último, y a pesar de los réditos políticos que las Cruzadas tuvieron para el Papado como director de la política exterior europea, pronto se encontró Roma con voces que criticaban su uso como instrumento al servicio de los intereses papales, sobre todo desde que no se limitaron a los musulmanes, y se dirigieron también contra los disidentes religiosos o los enemigos políticos.

Informacion sacada de :www.arteguias.com

 
   
   
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templarios2.jpg  

Desde que Hugo de Payns fundara en Jerusalén la orden de los templarios el año 1120, las órdenes militares creación original de la Cristiandad medieval se convirtieron en unas instituciones singulares que han concitado el interés de la sociedad a lo largo de los siglos. Fueron las únicas órdenes religiosas de la Iglesia a las que se permitió que sus monjes profesos empuñaran las armas y las mancharan con la sangre de los enemigos de la fe cristiana. Los monjes se convirtieron así en guerreros, en caballeros de Cristo para asegurar el dominio cristiano en Tierra Santa y después en las otras dos fronteras del Occidente medieval: las tierras orientales del imperio germánico y la Península Ibérica. En este último territorio, las instituciones de monjes-guerreros conocieron el mayor número de manifestaciones y una actividad militar prolongada hasta el final de los siglos medievales.

La Orden del Temple

La Orden de Montesa

La Orden de Calatrava

La Orden de Santiago

La Orden de Alcantara

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Fundación y orígenes del Temple

Caballero TemplarioEl 15 de julio de 1099, la toma de Jerusalén puso fin a la Primera Cruzada (1096-1099) a petición del papa Urbano II.

Tierra Santa fue reconquistada pero los caminos para llegar a ella eran inseguros. Ataques, robos y asesinatos acechaban a los peregrinos que arriesgaban todo en su viaje.

Fue entonces cuando dos caballeros, Hugues de Payns y Geoffroy de Saint Omer decidieron ofrecerse al rei Balduino para contribuir con esta misión.

En 1115, otros nueve caballeros se unieron a ellos formando la cofradía de los "Pobres Caballeros de Cristo", todos bajo el emblema del "Beauséant", bandera rectangular dividida en dos cuadrados, uno negro y otro blanco.

El rey de Jerusalén puso a su disposición una parte de su palacio, construido sobre las ruinas del antiguo Templo de Salomón, de ahí se intuye el cambio de nombre por el de "Milites Templi Salomonis".

Hasta 1126 no se tienen noticias de ellos hasta que el conde de Champaña decide dejarlo todo, familia, posesiones y poderes, para ponerse al servicio de su antiguo vasallo, Hugues de Payns.

No obstante el papa Honorio II se negó a reconocer la cofradía sin el aval de las demás órdenes monásticas, de ahí que de Payns insistiera a Bernardo de Claraval, patrón del Císter, a que apoyara su causa y intercediera ante el papa.

El resultado fue el "Elogio de la Nueva Caballería Templaria" y la celebración del concilio de Troyes, el 14 de enero de 1129.

En 1130 la Orden del Temple fue reconocida oficialmente por la más alta autoridad religiosa, lo que atrajo un gran número de caballeros dispuesto a abandonar los fastos y glorias para formar parte de la "caballería de Diós", convirtiéndose en frayles-guerreros al servicio de la cristiandad en la lucha contra los infieles, tanto en oriente medio como en la Península Ibérica, por donde el Islam amenazaba igualmente los reinos europeos.

Informacion:www.ebreguia.com

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ORDEN DE ALCÁNTARA

cruz-de-alcantara.jpgCiertos caballeros recorrían las riberas del río Duero, frontera del reino leonés con los musulmanes de Extremadura sobre el año 1156, buscando el lugar adecuado para levantar una fortaleza, fueron a dar con un viejo ermitaño, llamado Amado, , que había sido soldado participando en la Cruzada que, en Tierra Santa, llevó a efecto el conde Enrique de Borgoña. Dicho ermitaño había levantado una sencilla ermita en aquellos parajes y cuando los caballeros le expusieron sus proyectos, este los persuadió de levantar la fortaleza junto a la ermita. La fama de aquellos caballeros que encabezaba don Suero Fernández Barrientos se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño Armando, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de la del Temple. Un monje del Cister, llamado don Ordoño, les aconsejó que tomaran su regla. Era el Cister una reforma de la Orden de San Benito, hecha a fines del siglo anterior en Borgoña, por san Roberto. El obispo don Ordoño hizo venir a algunos monjes que instruyeran a los caballeros en la Regla. Quedando así fundada hacia el año 1156 por los hermanos Suero Fernández y Gómez Fernández Barrientos, caballeros de Salamanca, que levantaron una fortaleza junto a la ermita de San Julián del Perero, por lo que esta Orden también se llamó en un principio de San Julián de Perero, cambiando su  denominación por la de Alcántara en 1218, en que trasladó su sede a la ciudad de Alcántara, en Extremadura, conquistada a los moros por las tropas de Don Alfonso IX de Castilla.

Esta orden tuvo, además del sacro convento de Alcántara, un colegio en Salamanca, fundado por Felipe II en 1552, dos conventos de religiosas comendadoras, treinta y cinco encomiendas y los prioratos de Zalamea y Rollán.

El Papa Alejandro III la reconoció en el año 1177. Tuvo especial importancia en la reconquista de Extremadura. Su insignia es una cruz de sinople flo

Informacion:http://heraldicablog.com

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200px-Cross_Santiago.svg.png La Orden de Santiago, nace en 1170, cuando el Rey de León: Fernando II, encarga a una congregación de Caballeros la defensa de Cáceres y la ayuda al sostenimiento de las campañas emprendidas contra los Almohades.
La congregación, inicialmente se denominaba Congregación de los Hermanos de Cáceres y estaba presidida por D. Pedro Fernández.
El 12 de Enero de 1171, se llega a un acuerdo con el Arzobispo de Santiago: D. Pedro Gudesteiz, por el cual la congregación se convierte en Orden, con el nombre de Orden de Santiago.
El Arzobispo D. Pedro Gudesteiz, se convierte en hermano de la Orden y el Maestre D. Pedro Fernández en canónico honorario de Santiago, los hermanos se convierten en vasallos y caballeros de Santiago Apóstol, para combatir bajo su bandera por el honor de la Iglesia y la propagación de la Fe.
El Arzobispado, les adiestro y dio apoyo y armas. A cambio, la Orden defenderia los intereses del Arzobispado en: Cáceres, Alburquerque y Mérida.

Expansión de la Orden de Santiago

A partir de 1171, la Orden se desarrolla rápidamente por otros Reinos cristianos, imitando la estructura del Temple.
En 1175, el Papa Alejandro III, aprueba las Reglas de la "Nueva Orden de Santiago" centrado su cometido en la defensa y protección de la Fe y la Lucha contra los No Creyentes, que por aquellos tiempos eran los musulmanes.

¿Defendían a los Peregrinos?

Realmente la Orden de Santiago, no se encargaba de la defensa de los Peregrinos, su cometido principal, según los deseos del Papa Alejandro III, era una Orden dedicada a defensa contra el Islam.
Actualmente, existen escritores, que les asocian entre sus deberes la defensa de los peregrinos, asimilándolos, en cierta forma ,con el Temple, algo que no es correcto, por la razones que exponemos a continuación.
  • No hay constancia en ningún escrito, ni en las memorias de la Orden, donde figure este cometido de defensa de los Peregrinos.
  • Los escritos de los comendadores Orozco(1486) y Rades (1572), no mencionan en ningún momento la tarea de defender a los peregrinos.
  • En 1170, fecha de creación de la Orden, Galicia y León ya se habían liberado de la dominación musulmana, casi siglos antes. El origen y nacimiento de la orden en Cáceres, así como la ausencia de Casas de la Orden a más de 200 Km. del Camino Francés a Santiago, nos indica, que esta tarea no era uno de sus cometidos.
  • El origen y establecimiento en Cáceres, nos confirma su carácter de defensivo, para contener la expansión del Islam, incluidas las tareas de repoblación de los territorios ocupados

¿Que actividades mantuvo la Orden para ayudar a los peregrinos del Camino de Santiago?

Bien es cierto, que si consideramos que la Orden no se encargaba de la defensa de los Peregrinos, no es menos cierto que se encargaron del gestión de Hospitales para Peregrinos, Leprosos y Pobres, así como la ayuda a la implantación de los pobladores de los territorios ocupados a los musulmanes.
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¿Hospitales de la Orden de Santiago en el Cmino de Santiago?
  • San Marcos de León.- Inicia la actividad como Albergue de Peregrinos en 1442. Existen documentos que muestran las inspeciones realizadas, demostrando un lamentable estado, lo cual fue objeto de preocupación de los Reyes Catolicos.
  • Entre Carrón de condes y Sahagun.- Hospital de Peregrinos de Santa Maria de las Tiendas después de Calzadilla de la Cueza (1190), en el siglo XVII, paso a depender de Villalcazar de Sirga. El Hospital de Villamartin, fundado por Tello Perez de Meneses, estaba para atender a los Pobres y leprosos.
  • Loyo.- Donado al Arzobispado de Santiago por la Orden de Santiago, como resultado de un intercambio de bienes. El acuerdo fue firmado en 1254 por Juan Arias Arzobispo de Santiago y el Maestre de la Orden de Santiago, Payo Pires Correia. A cambio de Loyo, la Orden recibió Mérida y varios Hospitales en Aquitania.
  • Hospital de Toledo
  • Hospital de Talavera
  • Hospital de Teruel
  • Hospital de Cuenca
Informacion :/www.elcaminoasantiago.com
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La Orden de Calatrava, fue la primera orden religioso-militar creada en España, para defender la cristiandad frente al empuje bélico del islam. Fue fundada en la fortaleza de Calatrava en el año 1158, después de que los templarios no se vieran con coraje suficiente para defenderla de los ataques musulmanes. Su fundador fue el abad Raimundo de Fitero, quien junto a un monje de su monasterio se ofreció voluntario para defender la fortaleza de Calatrava.
La constitución de la Orden fue aprobada por el pontífice Alejandro III el 25 de septiembre de 1164, y confirmada después por Gregorio VIII e Inocencio III. El fundador adoptó la regla de San Benito, y la Orden fue enriquecida con multitud de donaciones por parte de los monarcas. Asimismo le fueron concedidos muy valiosos privilegios.
La Orden de Calatrava llegó a adquirir tal nivel de riquezas y poder, que sus maestres se convirtieron en verdaderos príncipes eclesiásticos temidos y mimados por reyes, y llamados a concilio por los papas.
Fue este poderío el que con el tiempo los llevó a saltarse la obediencia al poder real, lo que llegó a provocar su declive y dispersión perdiendo poderes paulatinamente, hasta desaparecer como los grandes caballeros guerreros que fueron en su momento y convertirse finalmente en una orden preservadora de reliquias con una finalidad puramente honorífica.
Los integrantes de la Orden se dividían en dos grupos: los caballeros y los monjes, que se regían por la obediencia, la castidad y la pobreza, voto de silencio y de ayuno cuatro días a la semana, y dormir siempre ataviados con la incómoda armadura.
Para poder ingresar en la Orden de Calatrava había que cumplir unos rigurosos requisitos. El pretendiente que deseara entrar en ella, debía probar en sus cuatro primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España, y no de privilegio, con escudo de armas él, sus padres y abuelos, sin haber tenido oficios él, ni sus padres ni abuelos.
Tampoco se podía conceder el hábito a persona que tuviera raza ni mezcla de judío, moro, hereje, ni que fuera descendiente de penitenciado por actos contra la fe católica, ni que hubiera tenido él o sus padres oficios por los que hubiesen vivido, o viviesen de su esfuerzo manual. Tampoco podía acceder el que hubiese faltado a las leyes del honor, o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que careciese de medios decorosos con los que atender su subsistencia.


 

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20070928044742-dibujo333.jpg La Orden de Caballería de Nuestra Señora Santa María de Montesa, fue instituida el 8 de Julio de 1317 por el Papa Juan XXII por bula AD FRUCTUS UBERIS y fundada el 19 de Julio de 1317 por Don Jaime II Rey de Aragón, siendo su objetivo combatir a los musulmanes que invadían con frecuencia las costas valencianas.

.                                                        Los primeros que ingresaron en la orden fueron diez caballeros de la Orden de Calatrava, y tomaron por insignia una cruz de sable, posteriormente en 1400 durante el reinado del Rey Martín I “El Humano” se incorpora a ella la Orden Militar de San Jorge de Alfama y cambia su divisa por una cruz de gules colocada en hueco sobre una cruz flordelisada de sable.  La cruz la ostentaron los caballeros de Montesa sobre el pecho en el uniforme, y al costado izquierdo en el manto capitular que es blanco. 

La Orden de Montesa, así como las otras ordenes de caballería seleccionaba de manera estricta la incorporación de miembros a la Orden. No concedían el hábito a ninguna persona que tenga mezcla de judío, moro, hereje, converso ni villano. No aceptaban descendientes de moro, de herejes ni blasfemos contra la fe católica, ni hijos o nietos de prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o tenga de oficio actividades de esfuerzo manual, ni el que haya sido infamado, ni el que haya faltado a las leyes del honor o ejecutado actos impropios de un caballero, ni el que carezca de medios decorosos con los que atender su subsistencia. La base territorial de la Orden ocupó extensas áreas de las actuales provincias de Castellón y Valencia, siendo su centro el Castillo de Montesa enclavado en territorio valenciano en plena  frontera con los sarracenos de Valencia. A finales del siglo XV tenía jurisdicción sobre 90,000 personas, posea  El jefe de la Orden era el Gran Maestre y el territorio estaba dividido en comandes al frente de las cuales había un Comendador. La Orden estaba organizada de la siguiente manera: 

·        Gran Maestre, par entre pares y señor natural de la Villa.

·        Hermanos, que podían agruparse en dos grupos: Los guerreros - Caballeros Cruzados, y los religiosos o Capellanes adscritos a la Orden y dedicados a las plegarias y al servicio de las parroquias de la Orden.

·        Escuderos, que acompañaban a los Hermanos.

·        Vasallos, encargados del comercio y negocios.

·        Siervos, encargados de las tareas menores, obreros, agricultores, etc. 

Don Guillén de Eril  fue nombrado primer Maestre de la nueva Orden Santa María de Montesa. Don Guillén de Eril era un hombre de noble cuna y con gran experiencia en las artes militares, pero debido a su edad avanzada, no duró mucho en el cargo. A los setenta días de ocupar el cargo, el Señor lo llamó a su Gloria. Don Arnaldo de Soler fue el segundo Maestre de la Orden, pero su mandato fue poco trascendente. El tercer maestre fue Don Pedro de Thous, hombre de honor y de acción que dejo una importante huella en la Orden durante su mandato. Así como él, fueron muchos los nombres y los hombres que grabaron con su sangre su paso por la historia de los Caballeros de la Orden de Montesa Los caballeros montesanos y su cuarto Maestre Don Alberto de Thous, fueron factor importante para que el Rey  de Aragón Pedro IV “El Ceremonioso” sofocara la rebelión, que intentaron nobles valencianos de emanciparse de la tutela del Reino de Aragón. Esta revuelta conocida como “La Unión” tuvo un final escalofriante, el Rey Pedro IV de Aragón mandó a fundir la campana con la que los sublevados llamaban a reunión e les hizo tragar el bronce fundido a los sobrevivientes. El octavo maestre Don Luis Duspuig lleno de honor a la Orden, al conquistar el reino de Nápoles para la corona de Aragón. Se cuenta que en el sitio de Bicari,  al encaramarse a una muralla y en medio de una lluvia de flechas enemigas, se  sostuvo apoyado en las picas de las lanzas de sus caballeros, para no caer, porque el terreno era resbaladizo. No faltaron los maestres de la Orden que sucumbieron misteriosamente, como Don Felipe Vivas de Cañamás que fue envenenado sin conocerse los motivos de tal acción. La Orden permaneció fiel al Rey Don Juan II de Aragón convirtiéndose en la principal fuerza defensora del Reino. Posteriormente los reyes comenzaron a tomar parte activa en el nombramiento de los Maestres de la Orden, así es designado Don Felipe de Aragón y Navarra sobrino del Rey Fernando.  

Cuando los Reyes Don Fernando “El Católico” y Doña Isabel deciden recuperar para la corona el Reino de Granada, son los caballeros montesanos los que enfrentaron el peligro, logrando conquistar Vera  ( La ciudad ostenta en su escudo la siguiente leyenda: Quien aquí ve a esta ciudad, en este llano formada, fue ponerle freno al turco y una llave a toda España) y posteriormente Muxacar cerca de Cartagena ( la antigua Cartago Nova fundada por el cartaginés Asdrúbal), posteriormente en la ciudad de Baza, los caballeros montesanos libraron una gran y desigual batalla contra los moros, siendo derrotados y su Maestre muerto. El último Maestre de la Orden fue Don Pedro Luis Garcerán de Boria, que con tan solo 17 años de edad fue un valiente y leal servidor del rey Felipe II. Posteriormente renunció al maestrazgo a favor del Rey pidiendo que la Orden fuera incorporada a la Corona. El Papa Sixto V en una bula expedida en Roma el 15 de Marzo de 1587 daba por concluida la Orden de Montesa como Caballería Militar y desde ese momento incorporada a la Corona Española. Así acabo una de las más grandes Ordenes de Caballería en España, aunque su vida fue corta, la grandeza alcanzada no tiene comparación. Sus caballeros fueron valerosos y dignos de toda alabanza, que siempre antepusieron el culto al honor y al deber antes que todo. Hoy en día subsiste como entidad honorífica. Su bandera, La Cruz de San Jorge vivirá por siempre como perenne recuerdo de sus hazañas.

El Castillo de Montesa

 El Castillo de Montesa se encuentra en la parte norte del valle del mismo nombre, en la Comarca de la Costera. El pueblo se encuentra sobre la pendiente que sube al Castillo.

 Existen vestigios desde las épocas ibéricas y romanas, pero es en la época islámica, que el Castillo toma gran importancia por su situación geográfica de dominio de todo el valle. Hoy el castillo conserva elementos islámicos como son: La entrada en codo y el albacara ( recinto cerrado para guardar el ganado).

 En 1277 el Castillo y la Villa pasan a manos cristianas. Posteriormente, queda a cargo de la Orden de los Caballeros Templarios, y tras su desaparición en 1317 el castillo pasa a ser sede de la Orden de los Caballeros de Montesa. En el Castillo solían vivir una veintena de frailes, cuya ocupación principal eran los rezos siguiendo la Regla de san Benito: 4 a 8 horas para celebrar el Oficio Divino, 7 horas para dormir y el resto de horas dedicadas en partes iguales a trabajar, estudiar y a la lectura religiosa. 

Se edificó un Monasterio siguiendo el modelo de los monasterios Cistercienses. La obra más importante se realizó durante el maestrazgo de Don Pedro de Thous que mandó construir la Sala Capitular, el Refectorio, la Iglesia, una cisterna, el horno y la muralla que rodea al convento. A finales del siglo XIV durante el maestrazgo de Fray Berenguer March se construyo el Claustro. En el siglo XV se continuo con importantes obras en el recinto como: Los dormitorios y la capilla de San Jorge.

 Destruido por los terremotos de 1748, solo quedan hoy en día algunas dependencias de lo fue el Sacro y Real Convento de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama. 

Maestres de la Orden de Montesa

01) Guillermo de Eril (1319)
02) Arnaldo de Soler (1320-1327)
03) Pedro de Thous (1327-1374)
04) Alberto de Thous (1374-1382)
05) Berenguer March (1382-1409)
06) Romeo de Corbera (1410-1445)
07) Gilberto de Montsoriu (1445-1453)
08) Luis Duspuig (1453-1482)
09) Felipe Vivas de Cañamás (1482-1484)
10) Felipe de Aragón y Navarra (1484 –1488)
      Felipe Vivas de Cañamás (1488-1492)
11) Francisco Sanz (1493-1506)
12) Francisco Bernardo Despuig (1506-1537)
13) Francisco Llanzol de Romaní (1537-1544)
14) Pedro Luis Galcerán de Borja (1545-1592)

 

Informacion recopilada de: El castillo del Wyrm Azul

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Personajes

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UrbanoII. Predicador de la 1ª cruzada

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Godofredo de Bouillon empezo

la 1ª cruzada

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Raimundo IV

termino la 1ª cruzada

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San Bernardo de Clairvaux

predicador de la 2ªcruzada

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Luis VII de Francia empezo

la 2ª cruzada

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Conrado III termino

la 2ª cruzada

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Saladino, conquistador del reino

de Jerusalen en 1187 en la III

Cruzada

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Ricardo corazòn de Leon

dirigio la III cruzada

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Felipe II Augusto de Francia

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INOCENCIO III INSPIRADOR

DE LA IV CRUZADA

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Hugues de Pyns,Fundador

de la Orden del Temple junto con

Geoffroy de Saint Omer 

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Geoffroy de Saint Omer

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Andres II de Ungria-V cruzada

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Jacques Bernard de Molay

(hacia 1240 a 1244, † 18 de marzo de 1314).

Noble franco y último Gran Maestre de la Orden del Temple.

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Luis IX de Francia.V cruzada

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Federico II Hohenstaufen dirigio

la VI cruzada, escomulgado por el Papa

Honorio III.

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Honorio III

 

 

Liderescruzados.jpg

 

 

Ordenes Milinquisidor.jpgitares


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El inquisidor,Tomas de Torquemada

1881794inquisiciongoya.jpg

Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio

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  La Inquisición Medieval

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