Torquemada, el gran inquisidor

Publicado en por geluty

Torquemada, el gran inquisidor

Pese a su ascendencia judía, organizó la Inquisición como instrumento de una persecución implacable contra los juedoconversos.

En la lista imaginaria de las figuras más sombrías del renacimiento hispano, fray Tomás de Torquemada ocupa un lugar propio, por su papel central en la puesta en marcha de la Santa Inquisición. En el siglo XIX hubo dos visiones contrapuestas, la de los conservadores y la de los liberales. Desde los años ochenta hasta la actualidad los estudiosos han tratado de evitar las polémicas y desvelar la realidad histórica del personaje. Así, se ha podido detallar el ascenso social del austero –aunque ambicioso– personaje, Tomás de Torquemada Valdespino, nacido en 1420 en el pueblo homónimo. Una importante presencia familiar, su tío. Juan de Torquemada, confesor del rey, le proporciono los contactos reales necesarios para satisfacer sus ambiciones. inquisidor
La carrera eclesiástica del propio Torquemada fue igualmente decisiva; sus primeros pasos le condujeron al convento de San Pablo de Valladolid, para más tarde proseguir en el monasterio dominico de la Santa Cruz de Segovia, del cual llegó a ser prior. Los cronistas de la época resaltaron su formación y explicitaron los trazos más destacados de su carácter: ambición, austeridad y severidad. Estas cualidades le merecieron finalmente el cargo de confesor de la reina Isabel.
Torquemada fue un gran impulsor de la Inquisición, pero cabe advertir que la fundación de esta institución respondía a un contexto histórico muy determinado. Los ataques a las juderías españolas en 1391 provocaron una masiva conversión de judíos y, en consecuencia, la desaparición de muchos de sus famosos barrios. Alonso de Espina y su “Sentencia-Estatuto de limpieza de sangre” significaron en 1449 un agravamiento de la confrontación entre los proconversos y los anticonversos. Por otro lado, la Bula papal del 1478 dejaba clara la postura de la Iglesia a través de la implantación del tribunal; las prácticas critpojudías debían ser perseguidas y juzgadas. Cinco años más tarde se estableció el Consejo de la Suprema y General Inquisición, y a su mando se puso a Torquemada, que mediante sus Intrucciones daba indicaciones sobre el carácter itinerante, los procedimientos penales o los cargos del tribunal. La Inquisición fue acrecentando su poder, hasta el punto que actuar a veces contra los algunos obispos. La expulsión de los judíos en el 1492 culminó el largo proceso persecutorio.
En sus últimos años Torquemada perdió el favor real y vio cómo se neutralizaba su poder con el nombramiento de tres inquisidores más. El dominico se trasladó al Monasterio de Santo Tomás de Avila donde ejerció dos años más hasta su muerte.

El inquisidor Torquemada estableció en forma categórica que los reos no deberían sangrar ni sufrir lesiones. Se ideó entonces un sistema de tortura que buscaba dar dolor sin dejar mayores heridas. Tal fue el caso del "potro", instrumento de tortura en el que la víctima, atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirada lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-; el "castigo del agua", que lo obligaba a tragar agua en demasía, aproximadamente 10 litros, ayudándose el torturador de un embudo y le impedía respirar, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago; y la "garrucha", cordel atado a una polea que alzaba al prisionero desd

/www.historiang.come lo/www.historiang.coms brazos, atados a su espalda, llevando un fuerte peso en los pies.

Fuentes:/www.historiang.com

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